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Cómo pasar los historiales de papel a un programa sin perder ni una hoja

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Cómo pasar los historiales de papel a un programa sin perder ni una hoja

Casi todas las consultas que se plantean el salto al ordenador empiezan por el mismo sitio, que es pedir presupuestos. Y casi todas se equivocan de primer paso, porque antes de elegir programa hay una pregunta mucho más urgente que nadie hace en la reunión comercial: cuántas carpetas hay realmente en esas estanterías y cuántas de ellas pertenecen a pacientes que van a volver. De esa respuesta depende todo lo demás, el precio, el calendario, cuánta gente hace falta y, sobre todo, si le conviene hacer la mudanza completa o solamente la mitad.

Este artículo no le vende nada. Es el método que aplicamos en obra cuando una clínica nos pide pasar sus historiales al ordenador, con las cuentas puestas para que pueda rehacerlas usted mismo esta misma tarde, con una hoja de papel y el armario delante.

Qué significa de verdad perder algo en una clínica

Cuando un gerente dice que le da miedo perder información, casi siempre está imaginando una carpeta entera desaparecida. Eso no ocurre prácticamente nunca. Lo que sí ocurre, y ocurre a diario en las migraciones mal llevadas, es mucho más pequeño y mucho más difícil de ver: una hoja suelta que se quedó en el montón de la mesa, una alergia escrita a mano en el margen que nadie volvió a teclear, un número de móvil metido en una columna que el programa entendió como cifra y le comió el cero de delante, o un mismo paciente que acaba viviendo dos veces dentro del sistema porque su apellido se escribió de dos maneras distintas.

Conviene ordenar ese daño con honestidad, porque no todo pesa igual. Un saldo pendiente mal copiado cuesta dinero, molesta y se arregla mirando el papel, que sigue ahí. Una alergia que no llegó a la ficha, o una lista de medicación que se quedó a medias, puede hacerle daño a una persona, y esa diferencia es la que decide dónde se gasta el esfuerzo de comprobación, ya que no se revisa todo por igual: se revisa a fondo lo que puede causar daño.

Por eso lo primero que hay que escribir, antes de tocar nada, es la meta. Nosotros la definimos siempre con tres frases: todas las carpetas cuadradas por recuento, todos los campos críticos verificados por una segunda persona, y el papel intacto dentro de su caja hasta que la copia digital esté demostrada. Si lo mira así, entenderá el tono del resto del artículo, porque esto no es una compra de software, es un trabajo de control de existencias con consecuencias médicas.

Cuente las estanterías antes de comprar ningún programa

Dedique la primera semana a contar, con una hoja de recuento y sin prisa. Necesita cuatro números y ninguno de ellos exige saber de informática: cuántas carpetas tiene, cuántos metros lineales ocupan, cuántas páginas tiene de media una carpeta, que se saca abriendo treinta al azar y dividiendo, y cuántos de esos pacientes han pisado la consulta en los últimos 24 meses.

Para que pueda empezar hoy mismo, esta es la regla de bolsillo que usamos: un archivador metálico de cuatro cajones guarda entre 2 y 2,5 metros lineales de expedientes, que vienen a ser entre 300 y 500 carpetas de paciente, y una carpeta de medicina general ronda las 8 a 15 páginas. Con eso, dos archivadores llenos y un estante dejan de ser una sensación y se convierten en una cifra que puede defender delante de cualquier proveedor.

El orden importa, y mucho. Cada presupuesto, cada plazo y cada decisión de personal salen de esos cuatro números, así que quien le ponga precio al trabajo sin conocerlos está adivinando, y la clínica es la que acaba pagando la adivinanza, casi siempre en forma de ampliación a mitad de proyecto. En nuestros casos de éxito puede ver cómo se dimensiona un trabajo a partir de recuentos reales y no de tarifas de catálogo.

No hay que teclear todos los expedientes: la regla de las dos vías

Aquí está el ahorro grande, y es la parte que casi ningún folleto comercial le va a contar, porque quien cobra por registro tecleado no tiene ningún interés en que usted teclee menos. La idea es simple: los expedientes se parten en dos vías.

La vía uno es la lista activa, los pacientes vistos en los últimos 18 a 24 meses. Esos se teclean como campos de verdad, es decir, información metida en casillas que el programa entiende, de modo que se puede buscar, filtrar, contar y sacar en un informe.

La vía dos es todo lo demás. Esos expedientes se escanean y se indexan solo por nombre, número de identidad y fecha, así que la carpeta aparece en pantalla en cuestión de segundos cuando alguien la pide, y nadie ha pagado por volver a teclear un historial que quizá no se abra jamás.

La proporción sorprende siempre para bien. En la mayoría de las consultas generales, entre el 55 y el 70 por ciento de los pacientes registrados no ha vuelto en los últimos 24 meses, con lo cual la lista que hay que teclear ahora se queda en un 30 a 45 por ciento del armario, y el trabajo caro resulta ser menos de la mitad de lo que la clínica temía en silencio. A eso hay que sumarle que entre el 3 y el 8 por ciento de un registro en papel suelen ser duplicados, la misma persona con dos grafías o una segunda carpeta abierta por error, así que una pasada de fusión antes del arranque es trabajo normal y no una señal de desorden. Si quiere ver más ideas sobre la organización de expedientes antes de empezar, escribimos con frecuencia sobre ello.

¿Y si vuelve un paciente de la vía dos? Recepción teclea su cabecera en el mostrador en unos cuatro minutos y pasa, sin ninguna ceremonia, a ser un paciente de la vía uno. Eso significa que el armario se va convirtiendo solo con el tiempo y sin coste añadido, que es justo lo que buscamos.

De qué está hecho de verdad un armario de historiales
Reparto típico de un armario de consulta general, según los recuentos que hacemos antes de presupuestar.

Los nueve campos que tienen que salir perfectos

No todos los datos merecen el mismo cuidado, así que conviene decir en voz alta cuáles son los nueve que no admiten ni un error:

  1. nombre completo, tal y como está escrito en el documento de identidad
  2. número de identidad o de paciente
  3. fecha de nacimiento
  4. teléfono móvil
  5. alergias
  6. enfermedades crónicas
  7. medicación actual
  8. fecha de la última visita
  9. saldo pendiente

Todo lo demás, es decir las notas de visitas antiguas, las tensiones de hace cuatro años o las recetas pasadas, puede quedarse como página escaneada en lugar de campo tecleado. Decir esto en voz alta, y dejarlo por escrito, es literalmente lo que convierte un proyecto de doce meses en uno de tres meses.

Sobre esos nueve campos, y solo sobre esos nueve, se aplica la doble tecleada: una segunda persona los vuelve a escribir y el sistema avisa de cualquier diferencia entre las dos versiones. Cuesta alrededor de un tercio más de tiempo en esos campos concretos, y a cambio el error se desploma, porque con una sola pasada manual lo normal son 1 a 3 errores por cada 100 campos, mientras que con la segunda tecleada sobre los críticos la cifra baja muy por debajo de 0,5 por cada 100. Dicho de otro modo, las alergias dejan de ser una lotería.

Antes de que nadie toque un teclado, acuerde el formato por escrito: el orden de la fecha, el teléfono siempre con prefijo de país, una única forma de escribir los nombres que alguien transcribió a mano en su día, y una casilla explícita de sin alergias conocidas. Esto último parece una tontería y no lo es, porque una casilla en blanco significa que nadie preguntó, y eso no es lo mismo que no tener nada que declarar.

Lo que cuesta de verdad y cuánto se tarda

Hagamos la cuenta completa con una clínica de ejemplo que podrá comparar con la suya: 4.000 carpetas con una media de 12 páginas cada una.

Teclear la cabecera de un paciente, es decir los nueve campos de la lista anterior, saldo pendiente incluido, le lleva de 3 a 6 minutos a alguien con práctica. A 4 minutos por carpeta, teclear las 4.000 carpetas enteras serían 267 horas, es decir unos 33 días laborables para una sola persona o siete días para un equipo de cinco. Pero aquí vuelve a entrar la regla de las dos vías, porque ahora mismo solo hay que teclear entre 1.200 y 1.800 carpetas, y eso deja el trabajo real en 80 a 120 horas. Ese número, y no el precio del programa, es el que manda en el calendario.

El escaneo tiene su propia aritmética. Son 48.000 páginas, y aunque un escáner de sobremesa con doble cara prometa entre 30 y 60 páginas por minuto en su folleto, con grapas, dobleces y hojas escritas por las dos caras el ritmo sostenido real está entre 400 y 700 páginas por persona y hora. Divida 48.000 entre esas dos cifras y le salen 69 horas en el mejor caso y 120 en el peor, así que cuente entre 70 y 120 horas de trabajo. A eso hay que añadirle alrededor de 17 horas para fusionar duplicados y unas 20 horas para auditar una muestra del 5 por ciento.

En dinero prefiero darle márgenes antes que promesas. Subcontratar la tecleada suele costar entre 0,35 y 1,20 dólares por cabecera de paciente, y el escaneo entre 0,02 y 0,06 dólares por página, y como la tecleada solo cubre las 1.200 a 1.800 carpetas activas, esta clínica se mueve entre 420 y 2.160 dólares por la tecleada y entre 960 y 2.880 por el escaneo, que ese sí abarca las 48.000 páginas. La horquilla es ancha a propósito, porque el precio depende del estado del papel y de lo legible que sea la letra.

Y hay una buena noticia que casi nadie espera, que el almacenamiento es la parte barata. Una página escaneada en blanco y negro a 300 ppp ocupa entre 40 y 120 KB, así que las 48.000 páginas enteras suman de 2 a 6 GB, más o menos lo que ocupa una película. En color, esas mismas páginas pesarían entre ocho y diez veces más, y por eso el color se reserva para lo que de verdad lo necesita.

De principio a fin, una clínica de tres médicos con 4.000 carpetas tarda de 11 a 15 semanas, y conviene escribir la suma entera: alrededor de una semana contando y decidiendo, dos semanas de configuración y formación, de cuatro a seis semanas de tecleado y escaneo compaginados con la consulta normal, y de cuatro a seis semanas de doble marcha y comprobaciones. Solo la parte central es trabajo duro, ya que el resto es contar, decidir, formar y verificar, y saltarse cualquiera de esas cuatro cosas es exactamente lo que provoca las historias de terror. Cuando en Linkysoft presupuestamos una migración, las horas salen de esta misma cuenta con las cifras del cliente, y si la clínica necesita un sistema hecho a la medida de su forma de trabajar en lugar de uno alquilado tal y como viene, eso pertenece al desarrollo de aplicaciones web y se presupuesta aparte, nunca escondido dentro de la migración.

A dónde se van las horas de la migración
Reparto de las horas en una migración de 4.000 carpetas y 48.000 páginas, tal y como sale la cuenta en la práctica.

Escanear los papeles antiguos una sola vez, y hacerlo bien

La mitad lenta del escaneo no es el escáner, es la mesa de preparación: quitar grapas y clips, alisar dobleces, despegar notas adhesivas, reparar bordes rotos y separar las hojas escritas por las dos caras. Ponga más gente en esa mesa que delante de la máquina, porque es ahí donde se atasca el trabajo y no en el aparato.

Las opciones técnicas, en cristiano. 300 ppp quiere decir 300 puntos por pulgada, que es el detalle suficiente para leer la letra de un médico y para que el programa pueda reconocer el texto mecanografiado. Doble cara, o dúplex, significa que la máquina captura las dos caras de la hoja en una sola pasada. Blanco y negro para todo lo mecanografiado, y color solo donde el color es información: trazados de electrocardiograma, fotografías de heridas e imágenes de piel.

Pida también PDF/A por escrito, dentro del contrato. Es un formato de PDF pensado para que el archivo se siga abriendo correctamente dentro de veinte años, y es la clase de detalle que no cuesta nada el primer día y ya no tiene arreglo el último.

Sobre el reconocimiento de texto, eso que suele llamarse OCR: lee las palabras que hay dentro de la imagen para que usted pueda buscar por dentro de un escaneo, y acierta entre el 90 y el 98 por ciento sobre texto mecanografiado limpio, aunque baja muchísimo con la letra manuscrita. Por eso sirve para encontrar y no sirve para los nueve campos críticos, ya que una alergia o una dosis no se dan nunca por buenas porque las haya leído una máquina.

Decida la regla de nombres de archivo el primer día, por ejemplo idpaciente_apellido_fecha_tipodocumento, porque renombrar 48.000 archivos después es un segundo proyecto que nadie presupuestó. Y si su papel viene con formularios manuscritos difíciles, los sistemas de inteligencia artificial ayudan a leerlos y a clasificarlos, siempre con la misma condición: una persona confirma cualquier dato clínico antes de que entre en la ficha.

Quién teclea todo esto, y cuándo

Hay tres caminos realistas y ninguno es malo por sí mismo:

  1. Que recepción teclee a cada paciente en el mostrador según va llegando.
  2. Que el personal de la clínica trabaje por tandas pagadas fuera de horario.
  3. Que un equipo externo de grabación de datos trabaje dentro de su sistema con cuentas nominales y supervisadas.

El primero, que nosotros llamamos digitalizar a la llegada, suele ser a la vez el más barato y el más exacto, y la razón es de puro sentido común, porque el paciente está delante para confirmar su propio teléfono y su propia alergia, cosa que ningún grabador externo puede hacer. En unos seis meses habrá capturado a casi todo el que importa, y lo habrá hecho con datos confirmados por su propio dueño.

Si decide subcontratar, hay dos condiciones innegociables. La primera es que no salga ningún expediente completo del edificio sin un acuerdo de confidencialidad firmado. La segunda es que el equipo trabaje dentro de su sistema con usuarios propios y con nombre, en lugar de copiar historiales a una hoja de cálculo en su portátil, porque esa hoja de cálculo es justamente el archivo que un día aparece donde no debe. Si le toca elegir proveedor de escaneo, esas dos cláusulas valen más que cualquier descuento.

Y ahora la parte que no nos da dinero decir: una consulta de un solo médico con menos de unos 800 pacientes activos casi nunca necesita una empresa de grabación de datos, porque recepción hace ese mismo trabajo por el coste de unas cuantas horas extra y el dinero ahorrado rinde mucho más en otro sitio.

Papel y programa a la vez, y después parar

Planifique de 4 a 6 semanas en las que cada visita se anote en el papel y se meta también en el sistema, de modo que nada dependa todavía de fiarse de la herramienta nueva. Es incómodo, es doble trabajo y es la mejor póliza de seguro que existe en esta clase de cambio.

Anuncie desde el principio la fecha exacta en la que el papel deja de usarse y ponga a una persona con nombre y apellidos al mando de esa fecha, porque la doble marcha sin final es justo la forma en que una clínica termina un año después escribiendo a mano mientras paga todos los meses por un programa que casi nadie abre.

Avise también de lo que es normal, que eso evita la mitad de los dramas: durante la primera semana las visitas van entre un 20 y un 40 por ciento más lentas, y en la tercera o cuarta semana se recupera el ritmo de siempre. Quien no sabe esto declara el fracaso del sistema el martes de la primera semana y ya no hay quien le convenza.

Durante ese periodo hay tres señales que merece la pena mirar de cerca, que son qué pantallas evita el personal, qué campos se quedan siempre en blanco y qué informe sigue sacando el médico de memoria en vez de pedírselo al programa. Las tres apuntan a algo mal configurado y no a gente torpe. Forme siempre con expedientes reales en lugar de con datos de demostración, porque así el equipo aprende el programa y limpia los datos en la misma hora.

Demostrar que no se ha perdido nada: el recuento inverso

Aquí es donde se gana la tranquilidad, y son tres comprobaciones, ni una más:

  1. El recuento: las carpetas que entraron tienen que ser exactamente las fichas que salieron, cuadradas al número, y cada hueco se explica por escrito, porque un encogimiento de hombros no es una explicación.
  2. La muestra: se saca el 5 por ciento de los expedientes migrados, con un mínimo de 50, y se comparan campo por campo contra el papel original, sin conformarse con mirar por encima si la ficha existe.
  3. El barrido de campos críticos: cada ficha que tenga la alergia en blanco o la fecha de nacimiento en blanco se persigue hasta cerrarla, porque esos huecos son preguntas pendientes y no respuestas.

Fije la regla de aceptación antes de empezar y déjela por escrito, por ejemplo que más de 2 errores en los 50 expedientes revisados, sobre cualquier campo crítico, devuelven el lote entero a repaso. Así la discusión, si llega, es sobre la regla y no sobre la persona, que es la única manera de que estas conversaciones no acaben mal. Cierre con una hoja de conformidad de una sola página que diga quién revisó qué y cuándo, y solo entonces se encaja el papel, se etiqueta y se guarda. Guardar, nunca destruir, hasta que el plazo legal de conservación se haya cumplido de verdad.

Privacidad, copias de seguridad y las partes aburridas que le salvan

Un usuario por persona y jamás una cuenta compartida de recepción, porque el día que necesite saber quién miró o quién cambió una ficha, un registro que dice que todo lo hizo recepción no le sirve absolutamente de nada.

Defina los permisos pronto: quién puede abrir notas clínicas, quién ve solamente la agenda y el saldo, y quién puede exportar datos, que es el riesgo silencioso que todo el mundo olvida hasta el día en que alguien se lleva la base entera en un archivo.

La regla 3-2-1 de respaldo, en lenguaje normal, dice tres copias de sus datos, en dos tipos de soporte distintos, y una de ellas fuera del local. Añádale una prueba de restauración cada trimestre, porque una copia de seguridad que nadie ha restaurado nunca no es una copia, es un rumor. Sobre las copias y su recuperación tenemos material aparte que le puede ahorrar un disgusto.

Dos frases más sobre protección: cifrado en tránsito significa que los datos viajan protegidos entre el ordenador y el servidor, y cifrado en reposo significa que siguen protegidos mientras duermen en el disco. Recuerde también que el portátil del mostrador y el móvil que el médico lleva en el bolsillo forman parte del sistema, así que necesitan bloqueo de pantalla igual que cualquier otra pieza. Revisar todo esto con criterio es justamente el trabajo de ciberseguridad, y se hace una vez al año, no una vez en la vida.

La conservación, en márgenes y con un aviso por delante: los historiales de adultos suelen exigirse durante 6 a 10 años desde el último contacto y los de menores durante más tiempo, pero las normas cambian de un país a otro, así que confirme la suya antes de destruir nada y no destruya jamás hasta que la copia digital exista en dos respaldos separados.

Cuándo la opción pequeña es la correcta

Si la consulta tiene menos de unos 300 pacientes activos, o si el médico piensa jubilarse dentro de dos años, haga solo la vía de escaneo e indexación y olvídese por completo de la migración tecleada, porque ese dinero rinde muchísimo más convertido en cita por internet y en recordatorios de visita, que se notan al mes siguiente.

Si la clínica ya tiene un sistema que no le gusta, arregle primero los campos, los permisos y los dos informes que de verdad usa antes de comprar otra cosa, ya que una migración de datos a una historia clínica electrónica no cura un problema de organización, solo lo cambia de sitio y le pone una factura encima.

Así es como llevamos este trabajo en Linkysoft: primero se cuenta, el presupuesto sale de esos cuatro números y no de una tarifa de catálogo, la digitalización de historias clínicas va por lotes con nombre y con una regla de aceptación escrita, y nos quedamos durante la doble marcha en lugar de desaparecer el día del arranque. Cuando los expedientes ya estén en orden, la parte de recordatorios y de cita en línea vive en el desarrollo de aplicaciones móviles y se aborda después, con calma.

Y decimos con la misma claridad cuándo la opción pequeña es la buena, aunque sea la que menos factura, porque un software de clínica para consultas pequeñas bien elegido vale más que una migración enorme que nadie termina. Si quiere que contemos su armario antes de decidir nada, escríbanos desde contacto, y si prefiere seguir leyendo por su cuenta, en el blog encontrará el resto del método: pasar los expedientes de pacientes a un programa, elegir un sistema de gestión de clínicas que se ajuste a su tamaño, contratar un servicio de escaneo de historiales médicos sin sustos y llevar el paso del papel a la historia clínica electrónica sin perder una sola hoja por el camino.

Palabras clave

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