Software para clínicas y hospitales

Por qué los pacientes faltan a la cita y qué reduce de verdad las ausencias

¡Compártalo!
Por qué los pacientes faltan a la cita y qué reduce de verdad las ausencias

Casi todas las clínicas descubren su problema de ausencias el mismo martes por la mañana: tres huecos vacíos seguidos, una recepcionista llamando sin descanso y una lista de espera de tres semanas que no se mueve. Lo que casi nadie ha hecho antes de ese martes es sentarse a calcular cuánto cuesta eso al cabo de un año, ni separar las faltas que un programa puede evitar de verdad de las que solo se corrigen cambiando la forma de dar cita. Esa separación es todo el contenido de este artículo, porque de ella depende si le conviene gastar treinta mil euros, ochenta euros al mes o exactamente nada.

Lo que de verdad cuesta una cita perdida

Empecemos por una cuenta que puede rehacer en un papel. Imagine una clínica con cinco profesionales que pasan 24 citas al día durante 22 días laborables: son 2.640 citas al mes. Si el 18 por ciento de esas citas no se presenta, y ese porcentaje es de lo más común, hablamos de unos 475 huecos vacíos cada mes. Con un valor medio por visita de 40 euros la cuenta sale sola, alrededor de 19.000 euros al mes y unos 228.000 euros al año de capacidad que usted ya ha pagado, en sueldos, alquiler y equipos, y que nadie ha llegado a usar.

A esa cifra hay que sumarle lo que jamás aparece en una factura. El tiempo que su equipo dedica a rellamar y a recolocar agendas, el paciente que esperó tres semanas por el hueco que acaba de quedar desierto y que probablemente se irá a otra clínica, y los profesionales que terminan tarde porque el día se amontona alrededor de los huecos, ya que las ausencias nunca se reparten de forma cómoda.

Conviene tener a mano los márgenes que vemos en la práctica, porque ayudan a saber si su clínica está mal o simplemente normal. En consulta general las ausencias suelen moverse entre el 10 y el 20 por ciento. En especialidades con listas de espera largas suben con facilidad al 25 o al 40 por ciento. Y en clínicas dentales o estéticas que cobran una señal por adelantado bajan al 3 u 8 por ciento, que es la prueba más clara de que el dinero por delante cambia el comportamiento.

Y ahora la frase que ordena el resto del artículo: el objetivo no es cero. Una clínica sana vive entre el 5 y el 8 por ciento de ausencias, así que perseguir los últimos puntos suele costar más de lo que devuelve, en dinero, en tiempo de recepción y en pacientes molestos. Todo lo que sigue está pensado para llegar a ese margen y pararse ahí.

Por qué faltan realmente los pacientes

Cuando se pregunta al paciente, y lo hemos visto en varias clínicas que sí lo preguntan, la mezcla es bastante estable. Alrededor de un tercio de las faltas son olvido puro o confusión con la fecha. Cerca de una quinta parte son pacientes que se encontraron mejor y decidieron que ya no hacía falta ir. Después vienen los choques con el trabajo o con el cuidado de los niños, el transporte, la distancia y el coste, el miedo a la visita o al resultado de una prueba, y por último las citas duplicadas, es decir, gente que pidió hora en dos sitios y fue al que le dio antes.

De esa lista sale la división que decide en qué gastar. Aproximadamente la mitad de las ausencias son un problema de memoria o de logística, y eso se arregla con avisos automáticos que cuestan céntimos. La otra mitad es un problema de agenda, de dinero o de miedo, y ahí el programa solo ayuda: le enseña dónde está el fallo, le facilita mover la cita y le avisa a tiempo, pero quien lo resuelve es la política de citas de la clínica y no el software.

Hay un dato más que conviene tener presente, y es que los pacientes nuevos faltan aproximadamente al doble que los que ya han venido antes, porque todavía no tienen ninguna costumbre con su clínica ni una cara conocida en la recepción. Por eso merecen un trato distinto desde la primera llamada.

Por qué faltan los pacientes a la cita
Reparto habitual de los motivos de ausencia en las clínicas con las que trabajamos, no una cifra publicada.

El factor que más pesa es cuánto tiempo espera el paciente

Si solo pudiera mirar un dato antes de tocar nada, mire la antelación con la que se dan las citas, porque pesa más que casi cualquier otro factor. Lo que vemos de forma bastante repetida es esto: las citas dadas con 1 a 3 días de antelación fallan entre el 5 y el 10 por ciento, a dos semanas ya se van al 15 o 20 por ciento, entre 15 y 30 días suben al 20 o 30 por ciento, y más allá del mes se plantan en el 30 por ciento o por encima.

La explicación es humana. En cuatro semanas la vida cambia, aparece un viaje, se mueve el turno de trabajo, el dolor se pasa, y la cita se va apagando poco a poco en la memoria hasta que deja de existir. No es desinterés ni mala educación, es simplemente que una fecha lejana pesa menos que la de mañana.

La corrección no cuesta ni un euro y es de las que más efecto tienen: reserve entre el 20 y el 30 por ciento de los huecos de la semana siguiente para citas a corto plazo. Así el paciente que necesita ser visto pronto recibe una fecha cercana que sí va a cumplir, en lugar de una lejana que acabará perdiendo. Es un cambio de política de agenda, no una compra.

De aquí sale también una trampa que vemos a menudo, que es juzgar a un profesional por su porcentaje de ausencias sin mirar antes su tiempo de espera. Quien arrastra tres semanas de lista producirá faltas que ningún recordatorio va a rescatar, mientras que quien atiende en dos días parecerá brillante aunque no haga nada especial.

Los recordatorios que funcionan y los que el paciente ignora

La secuencia que mejor resultado da es de tres mensajes, y cada uno tiene su función. Una confirmación en el momento de dar la cita, que fija la fecha por escrito. Un recordatorio entre 48 y 72 horas antes, que es la pieza clave, porque si el paciente cancela en ese momento todavía le queda tiempo para revender el hueco. Y un aviso corto entre 2 y 4 horas antes, que rescata al que sí pensaba venir y se despistó.

Los números que solemos ver son bastante claros: un único recordatorio 24 horas antes quita entre 5 y 8 puntos porcentuales de ausencias, mientras que la secuencia de tres mensajes quita entre 8 y 14 puntos. Sobre el 18 por ciento del ejemplo anterior, esa resta deja la clínica entre el 4 y el 10 por ciento, aunque lo prudente es contar con el extremo alto de la horquilla, cerca del 10, porque los 14 puntos solo salen cuando casi toda la falta es olvido puro y en su clínica habrá además choques de horario, transporte y miedo.

El canal debe ajustarse al paciente y no al revés. Para la mayoría funcionan el SMS o WhatsApp, para pacientes de empresa y asegurados suele ir mejor el correo, que también deja constancia, y para pacientes mayores que no leen mensajes una llamada automática de voz sigue siendo lo más eficaz. El coste ronda entre 0,01 y 0,05 euros por mensaje en cualquiera de esos canales, así que la clínica de 2.640 citas mensuales que envía tres avisos por cita gasta entre 80 y 400 euros al mes frente a 19.000 euros de exposición mensual. Pocas decisiones de gasto están tan claras.

El contenido también tiene sus reglas, y son sencillas. Diga el nombre del profesional, la dirección exacta, qué debe traer el paciente, cuánto dura la visita y una sola acción posible. Nada de promociones ni de ofertas dentro de un recordatorio, porque en cuanto el mensaje huele a publicidad la gente deja de abrirlo, y entonces habrá perdido el único canal que de verdad le funcionaba. Si quiere comparar redacciones, tenemos más escrito sobre recordatorios de cita.

Cancelar tiene que costar un toque, porque una cancelación es buena noticia

Aquí está el punto que muchas clínicas tienen del revés. Una cancelación con dos días de margen es un hueco que usted puede volver a vender, mientras que una ausencia sin aviso es un hueco muerto. Dicho de otra forma, cancelar tiene que ser más fácil que quedarse callado, y si su proceso obliga a llamar por teléfono en horario de recepción, mucha gente elegirá el silencio.

Un enlace dentro del recordatorio con tres botones, confirmar, cancelar o cambiar de fecha, convierte de forma habitual entre el 10 y el 20 por ciento de las que iban a ser ausencias en cancelaciones aprovechables. Es el mismo paciente y la misma decisión, pero avisada con tiempo.

Ese enlace le regala también el mejor indicador de riesgo que puede tener sin analítica de ninguna clase. Entre el 40 y el 70 por ciento de los pacientes responden, y el grupo silencioso falta entre dos y tres veces más que el que contesta, lo que significa que la lista de los que no han pulsado nada es exactamente la lista a la que su recepcionista debe llamar, y solo esa.

Una advertencia práctica antes de seguir: no pida nunca que el paciente inicie sesión, instale una aplicación o recuerde un número de referencia para cancelar. Cada paso de más devuelve a la gente al camino de no presentarse, que es el único que no exige ningún esfuerzo.

La lista de espera es donde vuelve el dinero

Una cancelación solo vale algo si consigue rellenar el hueco, y para eso hace falta una lista viva de pacientes que ya han dicho que sí a una fecha más temprana. Sin esa lista, cancelar y faltar acaban costándole lo mismo.

La diferencia entre hacerlo a mano y hacerlo de forma automática es grande. Un aviso automático a la lista rellena un hueco liberado en unos 20 a 90 minutos, mientras que una recepcionista llamando por una lista en papel consigue cubrir aproximadamente uno de cada tres el mismo día, y encima deja el mostrador desatendido mientras llama.

También importa cómo se ofrece el hueco. Hágalo en tandas pequeñas de cinco a diez pacientes que encajen con esa cita y con una ventana de 15 minutos para reclamarla, de modo que ni acabe con la plaza duplicada ni acostumbre a la lista a ignorar sus mensajes por llegar siempre tarde.

La cuenta vuelve a ser sencilla. Si su clínica recibe 200 cancelaciones al mes y consigue rellenar el 60 por ciento a 40 euros la visita, recupera unos 4.800 euros mensuales, que por sí solos pagan la mayoría de los sistemas del mercado. Y hay margen de sobra para lograrlo, porque entre el 60 y el 80 por ciento de las cancelaciones avisadas con más de 24 horas se pueden rellenar si tiene a quién ofrecérselas. El motor de reservas y de lista de espera que hay debajo de todo esto es, en la práctica, una aplicación web a medida conectada a su agenda.

Señales, tarifas por ausencia y sobreagenda, sin adornos

Los depósitos funcionan, y sería deshonesto decir lo contrario. Una señal reembolsable de entre el 5 y el 15 por ciento del precio de la visita mantiene las ausencias por debajo del 5 por ciento en citas electivas, estéticas y de alto valor, porque el paciente ya ha puesto algo suyo encima de la mesa.

El coste también hay que decirlo en voz alta: espere que entre el 5 y el 12 por ciento de las reservas simplemente no lleguen a hacerse. Para una clínica privada de tratamientos caros ese intercambio suele salir a cuenta, pero para una clínica de barrio, de atención pública o con pacientes de renta baja normalmente es un mal negocio, porque expulsa justo a quien más necesita la consulta. Si su clínica está en ese segundo grupo, la recomendación honesta es no cobrar señal.

Sobre la tarifa por ausencia la regla es corta: una penalización que usted nunca llega a cobrar es peor que no tener ninguna, porque enfada al paciente, ensucia la relación y no devuelve un euro. O se aplica de forma consistente y anunciada de antemano, o se retira del papel.

La sobreagenda, es decir, citar a dos pacientes en el mismo hueco, se puede usar, pero con condiciones estrictas. Solo en los tipos de cita que de verdad fallan por encima del 25 por ciento, nunca más de un paciente extra por sesión y jamás en procedimientos que necesiten una sala, una máquina o una preparación previa, porque entonces el castigo se lo lleva quien sí ha venido, que es el paciente que menos lo merece.

Cuánto baja cada medida las ausencias
Reducción típica en puntos porcentuales, medida desde una clínica que hoy no envía ningún aviso.

Conozca su número antes de gastar un euro

La definición tiene que ser aburrida y la misma para toda la clínica: citas no presentadas dividido entre citas dadas, con las cancelaciones contadas aparte. Mezclar cancelaciones y ausencias es la forma más rápida de esconder el problema, porque una clínica que cancela mucho y falla poco está sana, y una que falla mucho y no cancela nada está perdiendo dinero todos los días.

Después hay que trocear ese número de cuatro formas: por profesional, por día de la semana y hora del día, por antelación de la cita y por canal de reserva, es decir, teléfono, mostrador o web. Casi siempre el problema vive dentro de una sola de esas rebanadas, del tipo lunes por la mañana con pacientes nuevos, y verlo ahí ahorra meses de medidas generales que no tocan la causa.

Revise el número cada semana y no una vez al año, porque una clínica que solo mira el resumen anual nunca puede saber si mejoró por lo que hizo o porque cambió la temporada. Y antes de tocar nada, mida dos semanas de referencia sin cambiar absolutamente nada, ya que sin línea de partida cualquier mejora posterior es un relato y no un resultado. Si quiere ver qué aspecto tiene un panel de este tipo, hemos escrito también sobre informes y cuadros de mando.

A las citas de más riesgo, trato humano

No todas las citas merecen el mismo esfuerzo, y tratarlas como si lo merecieran es la razón por la que muchas clínicas se cansan del asunto a las tres semanas. Puntúe el riesgo con datos que ya tiene delante: primera visita, antelación de más de tres semanas, una falta anterior, distancia al centro y hora muy temprana. Con esos cinco datos basta para ordenar la agenda de mañana.

Lo que suele salir es que entre el 10 y el 15 por ciento de las citas concentran una parte muy grande de todas las ausencias, y por eso una llamada de 90 segundos hecha por una persona real merece la pena justo ahí y es un desperdicio en el resto de la agenda.

El indicador más fuerte de todos es haber faltado antes, ya que un paciente con una ausencia previa tiene entre dos y tres veces más probabilidades de volver a faltar. Eso no lo convierte en mal paciente, solo en un paciente que necesita otra gestión.

El tono de esa llamada decide el resultado. No sirve para reprochar nada, sino para preguntar si la hora le sigue viniendo bien y ofrecerle moverla, porque eso es lo que recupera el hueco con tiempo y conserva al paciente. Y conviene decirlo con claridad: esta puntuación de riesgo no necesita inteligencia artificial de ninguna clase, se hace con cinco reglas y una hoja de cálculo, y los sistemas de inteligencia artificial solo empiezan a compensar en redes de clínicas con muchos miles de citas al mes.

Qué mirar en un programa de gestión de clínicas

La lista de funciones que mueven de verdad el número es más corta de lo que sugiere cualquier folleto comercial, y cabe entera aquí:

  • Recordatorios automáticos en varios pasos, con horarios que usted pueda cambiar sin pedir permiso a nadie.
  • Enlace de confirmar, cancelar o cambiar la cita de un solo toque, sin registro ni contraseña.
  • Relleno automático del hueco liberado desde la lista de espera.
  • Cambio de fecha por parte del propio paciente, dentro de las reglas que usted defina.
  • Un informe de ausencias que pueda trocear por profesional y por antelación.

Y la lista de lo que puede ignorar al principio, porque no toca el porcentaje de ausencias, es igual de útil: la aplicación para pacientes que casi nadie instala, el chat de la web, los módulos de fidelización y los cuadros de mando bonitos que no dejan cortar por antelación.

Sobre dinero, con números concretos. Un programa estándar con recordatorios y lista de espera suele costar entre 15 y 60 euros por usuario y mes. Un desarrollo a medida atado a sus propias reglas de agenda se mueve normalmente entre 8.000 y 35.000 euros por una sola vez. La cuenta honesta no enfrenta ese precio a los 19.000 euros de exposición mensual, que nunca va a recuperar enteros, sino a lo que el plan devuelve de verdad: bajar del 18 al 10 por ciento en la clínica del ejemplo son unas 211 visitas al mes, alrededor de 8.400 euros, así que un desarrollo en la parte baja de la horquilla se paga en cosa de un mes y uno en la parte alta en poco más de cuatro. La pregunta real, por tanto, no es el precio sino cuál de las dos opciones encaja con su forma de trabajar.

Y aquí va la parte que casi nadie escribe. Si usted es un único profesional con 30 citas a la semana, no necesita ninguna plataforma, porque con una agenda compartida y una rutina disciplinada de mensajes se lleva la mayor parte del beneficio y se ahorra el resto. En Linkysoft construimos lo contrario, sistemas de citas para clínicas y grupos grandes, con recordatorios, lista de espera y reglas propias, como aplicaciones web a medida y con su aplicación móvil cuando el volumen lo justifica, y lo primero que hacemos en una reunión es decirle si su caso pertenece a este párrafo o al anterior.

Un plan realista para los próximos 90 días

  1. Semanas 1 y 2. Mida la línea de partida y trocéela de las cuatro formas anteriores sin cambiar absolutamente nada, por incómodo que resulte, porque es lo único que le permitirá saber después si algo funcionó.
  2. Semanas 3 y 4. Encienda la secuencia de recordatorios con el enlace de cancelar de un toque, ya que es el cambio más barato y el que tiene el mayor efecto por sí solo.
  3. Semanas 5 a 8. Monte la lista de espera con su oferta automática y empiece a llamar a mano al 10 por ciento de citas con más riesgo.
  4. Semanas 9 a 12. Solo ahora plantéese señales, sobreagenda o cambiar de programa, y juzgue cada medida contra la línea de partida que midió en la primera semana.

La expectativa honesta es pasar de alrededor del 18 por ciento a un 8 o 10 por ciento dentro del trimestre. Si alguien le promete llegar antes, desconfíe, porque una caída más rápida suele ser un cambio en la forma de contar y no una mejora real de la agenda.

Nada de lo anterior necesita que nos contrate, ya que la mayoría de estas medidas se aplican con el programa que ya tiene, una plantilla de mensajes y algo de disciplina en recepción. Si después de medir sus dos semanas ve que el problema está en el sistema y no en la rutina, en Linkysoft hacemos esa cuenta con sus cifras reales: en nuestros casos de éxito puede ver trabajo comparable, y si nos escribe desde contacto le diremos con franqueza si le compensa un desarrollo a medida o si le basta con lo que ya tiene sobre la mesa.

Palabras clave

Lea más publicaciones excelentes de este mismo tema.

Cómo pasar los historiales de papel a un programa sin perder ni una hoja

Casi todo lo que se escribe sobre digitalizar historiales es la página de venta de algún producto. Esto es otra cosa: el método de campo que usamos en obra, contar primero las estanterías, teclear solo a los pacientes que siguen activos, escanear e indexar el resto y verificar con una muestra del 5 por ciento contra el papel. Incluye la parte que nadie dice, cuándo una consulta pequeña no debería pagar una migración completa.

1 minutos de lectura

¿Qué hace en realidad un sistema de gestión de clínicas en un día normal?

Nadie contrata un programa por su lista de funciones, así que en lugar de enumerarlas seguimos un martes corriente en una consulta con cuatro médicos y cuarenta visitas, desde las siete y cincuenta de la mañana hasta el cierre de caja. En cada hora verá el minuto que se recupera y el dinero que deja de perderse, con las cuentas hechas para que las repita con su propia agenda delante, y también los puntos donde conviene comprar lo barato y no encargar nada a medida.

1 minutos de lectura

Coste del software para clínicas: lo que paga al inicio y cada año

Casi todos los presupuestos de software clínico enseñan una sola cifra y se callan el resto. Aquí está la factura completa: la cuota por usuario, la migración de las fichas, la formación del equipo, los equipos del mostrador, las integraciones y todo lo que vuelve a pagarse cada año, con la aritmética a la vista y el punto exacto en el que construir un sistema propio deja de compensar.

1 minutos de lectura