Software para clínicas y hospitales

Coste del software para clínicas: lo que paga al inicio y cada año

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Coste del software para clínicas: lo que paga al inicio y cada año

Cuando el responsable de una clínica pide presupuesto para un sistema de gestión, casi siempre recibe una sola cifra: el precio de la licencia o la cuota mensual por usuario. Esa cifra es cierta, pero es una línea de una factura que tiene alrededor de cinco, y las otras cuatro suelen aparecer cuando el contrato ya está firmado. Aquí armamos la factura completa, con la aritmética escrita delante de usted, para que sepa qué va a pagar el primer año, qué va a pagar cada año siguiente y en qué punto exacto deja de compensar construir un sistema propio.

Qué está comprando de verdad cuando compra un sistema para su clínica

La palabra sistema suena a una sola cosa, pero por dentro son varias piezas que trabajan juntas. La primera es la ficha del paciente, que sustituye a la carpeta de papel y guarda antecedentes, diagnósticos, recetas y las notas de cada visita. La segunda es la agenda, que reserva horas por médico y por sala y evita que dos pacientes coincidan en el mismo hueco. La tercera es la parte del dinero: presupuestos, facturas, recibos y el cierre de caja del día. A eso se suman el stock de la farmacia si usted dispensa medicamentos, las órdenes de laboratorio y radiología con sus resultados, y los informes del dueño, que son los que le dicen cuánto facturó el mes, quién trajo esos pacientes y qué servicio deja margen de verdad.

La diferencia entre un sistema de clínica y uno de hospital no es de tamaño sino de naturaleza. En una clínica el paciente entra y sale el mismo día, así que con agenda, ficha y caja se cubre casi todo. En un hospital hay camas, ingresos y altas, rondas de medicación a pacientes acostados, cambios de turno con traspaso de información entre enfermeras y presupuestos por departamento, y esa sola diferencia multiplica el precio por cinco o más. Por eso conviene decidir muy pronto en cuál de los dos mundos está usted, porque comparar un presupuesto de clínica con uno de hospital es comparar dos productos distintos.

Hay una lógica de precio que casi nadie explica al principio y que le ahorrará discusiones: la factura sigue cuántos módulos enciende y cuánta gente entra con su propio usuario, casi nunca cuántos pacientes atiende. Eso significa que un médico solo pero muy ocupado puede pagar menos que una clínica tranquila con nueve cuentas abiertas. Tenga presente desde ahora que el número que le han dado es solo una de esas cinco líneas, y en las secciones que siguen vamos completando las otras cuatro.

Las tres formas de cobrar el software clínico, dichas en palabras normales

La primera es la suscripción mensual por usuario, que en la práctica es alquilar. Cuesta entre 25 y 80 dólares por cada persona que entra al sistema y por mes, no hay pago inicial, y el alojamiento en internet, las copias de seguridad y las actualizaciones vienen dentro. La contrapartida es que el pago no termina nunca y sube cada vez que contrata a alguien.

La segunda es la licencia de pago único con mantenimiento anual, que es comprar una copia e instalarla. Para una sede pequeña la licencia va de 3.000 a 15.000 dólares, y a partir del segundo año se paga entre el 15 % y el 22 % de ese valor cada año para seguir teniendo soporte, correcciones y versiones nuevas. Si deja de pagar el mantenimiento, el programa sigue funcionando, pero se queda quieto en el tiempo, y en salud eso se nota rápido cuando cambia una normativa de facturación.

La tercera es el sistema hecho a medida, que usted encarga y pasa a ser suyo. Un desarrollo enfocado que cubra fichas, agenda, facturación e informes del dueño suele situarse entre 18.000 y 60.000 dólares y tarda de 10 a 16 semanas, mientras que un sistema hospitalario completo con hospitalización, farmacia, laboratorio y reclamaciones a aseguradoras se acerca más a 70.000 o 250.000 dólares y toma de 6 a 12 meses. Después se paga una cantidad anual bastante menor para mantenerlo alojado, actualizado y creciendo.

Compare las tres por el flujo de caja y no por el titular, porque alquilar no tiene entrada pero no tiene fin, y comprar duele el primer año y respira después. Y pregunte lo que casi nadie pregunta al firmar: el día que quiera irse, cómo salen sus datos, en qué formato salen, cuánto tarda esa extracción y quién tiene que autorizarla. Esa respuesta, por escrito, vale más que un descuento.

Lo que paga una clínica pequeña el primer año

Pongamos un caso concreto y hagamos la cuenta a la vista: un médico, una recepcionista, una enfermera y un contable a tiempo parcial, es decir cuatro usuarios con su propia entrada. A entre 25 y 80 dólares por usuario y mes, la línea del software sale entre 100 y 320 dólares mensuales, lo que da entre 1.200 y 3.800 dólares al año solo por el programa.

A eso hay que sumarle el resto del primer año, que es donde se va el dinero que nadie previó: una migración ligera de las fichas que hoy están en papel o en una hoja de cálculo, de seis a doce horas de formación repartidas entre las cuatro personas, un ordenador decente en recepción, una impresora térmica de etiquetas y un lector de códigos de barras. Con todo dentro, el primer año realista de una clínica así queda entre 3.000 y 7.000 dólares.

Y aquí conviene ser franco: una clínica de este tamaño debe suscribirse a un producto ya hecho y no debe encargar un desarrollo propio, porque el dinero del desarrollo no compra nada que el sistema alquilado no haga ya. Si quiere profundizar en la pieza que más rendimiento da en este tamaño, empiece por la gestión de citas, que es la que reduce huecos vacíos y ausencias desde el primer mes.

Lo que paga un grupo médico o un policlínico

La siguiente franja es la de 5 a 20 usuarios, con dos o tres sedes y varias especialidades, y trae consigo la primera complicación de verdad: las reclamaciones a las aseguradoras, con sus códigos, sus reglas de cobertura y sus rechazos que hay que corregir y reenviar. El salto de precio casi nunca viene de los médicos adicionales, sino de tres cosas concretas: el módulo de seguros, la cuota que muchos proveedores cobran por sede y los informes consolidados que suman las tres sedes en una sola pantalla para el dueño.

El primer año de un grupo así suele quedar entre 6.000 y 25.000 dólares, y dentro de ese total la línea del software se mueve entre 3.000 y 14.000 según cuánta gente necesite de verdad su propio usuario. Esa última frase importa, porque el reflejo habitual es compartir una cuenta entre tres recepcionistas para esquivar el precio por usuario, y eso rompe el registro de auditoría, que es la lista que dice quién abrió y quién modificó cada ficha de paciente. Ese rastro es lo único que no se puede comprar después: el día que haya una reclamación, un cobro discutido o una historia alterada, o consta quién lo hizo o no consta nada.

Lo que paga un hospital y por qué el número se dispara

En un hospital cambia casi todo. Aparecen camas, ingresos y altas, la medicación que se administra por rondas y turnos, un almacén de farmacia cuyo valor se cuenta en cientos de miles, aparatos de laboratorio y radiología que tienen que hablar con el sistema para que el resultado caiga solo en la ficha, portales de aseguradoras y un soporte que conteste a las tres de la madrugada, porque un hospital no cierra.

El primer año típico va de 40.000 a 250.000 dólares o más, y hay que contar entre 6 y 12 meses hasta que el edificio entero esté realmente funcionando y no funcionando a medias. La forma sensata de controlar ese gasto es la puesta en marcha por fases, que no es un retraso sino un control de coste: primero admisión y facturación, luego farmacia y laboratorio, y al final hospitalización. Así el hospital paga por tramos, aprende entre uno y otro, y llega al módulo difícil con el personal ya entrenado.

Reserve también una línea propia para la formación, porque entrenar a 60 personas o más repartidas en tres turnos no cabe dentro del precio del software. Se trata de repetir la misma sesión tres veces, de pagar horas fuera de turno y de tener a alguien acompañando en planta las primeras semanas.

Los costes que nunca aparecen en el presupuesto

El primero es la migración de los datos antiguos, ya vengan del papel, de Excel o de un programa anterior. Suele costar entre el 5 % y el 12 % del presupuesto del primer año, y una clínica con unas 20.000 fichas debe contar de 2 a 5 días de trabajo de limpieza más una importación de ensayo antes de la definitiva, porque la primera pasada siempre saca pacientes duplicados, teléfonos que faltan y fechas de nacimiento imposibles.

El segundo es la formación, que ocupa de 2 a 6 horas por perfil, y con ella viene la parte honesta que ningún presupuesto escribe: el rendimiento cae entre un 20 % y un 30 % durante las primeras dos a cuatro semanas. Haga la cuenta: cinco personas trabajando un 25 % más lento durante tres semanas equivalen a unos cuatro días laborables perdidos, y ese tiempo se paga en salarios y en pacientes que esperan más de lo normal en el mostrador.

El tercero es el equipamiento del escritorio, con precios reales: ordenador de recepción de 400 a 700 dólares, impresora térmica de etiquetas de 150 a 400, lector de códigos de barras de 30 a 80, una tablet por consultorio de 200 a 400, un pequeño SAI de 80 a 200, que es la batería que mantiene el equipo encendido cuando se corta la luz, y una línea de internet de respaldo por 20 a 60 dólares al mes.

El cuarto es cada conexión con el mundo exterior, que se cotiza por separado. Un analizador de laboratorio, un portal de aseguradora, una pasarela de pago con tarjeta o la verificación del documento nacional de identidad del paciente añaden cada uno entre 1.500 y 6.000 dólares y de una a tres semanas al proyecto. Sumado todo, el primer año acaba costando entre 1,5 y 1,9 veces la línea de software del presupuesto, así que una cotización de 6.000 dólares es en realidad un año de 9.000 a 11.400.

Cómo se reparte el presupuesto del primer año

La factura que llega todos los años después del arranque

Una vez que el sistema está vivo empieza el gasto recurrente, y conviene mirarlo entero. El alojamiento va de 40 a 400 dólares al mes según el tamaño y la cantidad de imágenes que guarde, las copias de seguridad solo cuentan si alguien ha probado a restaurarlas de verdad, y el contrato de soporte y actualizaciones se sitúa entre el 15 % y el 20 % del valor del sistema, de modo que uno de 40.000 dólares cuesta entre 6.000 y 8.000 al año para mantenerlo sano.

Luego están los costes que crecen con la actividad. Los recordatorios de cita cuestan entre 0,01 y 0,05 dólares por mensaje, así que 60 al día son 21.900 mensajes y entre 220 y 1.100 dólares al año, un gasto que se paga solo porque las ausencias suelen bajar de alrededor del 20 % a una franja del 8 % al 12 %. Las comisiones de tarjeta y de pago en línea rondan del 1,5 % al 3 % más una pequeña cantidad fija por operación, de manera que una clínica que cobra 30.000 dólares al mes con tarjeta deja entre 450 y 900 dólares mensuales en comisiones que no figuran en ninguna cotización de software, aunque salgan del mismo bolsillo que la facturación del día.

Y hay un detalle del alquiler que conviene tener claro: crecer cuesta dinero, porque cada recepcionista nueva es otra línea mensual para siempre. Esa presión es justo la que hace que los grupos medianos empiecen a preguntar por tener su propio sistema. Una clínica de diez personas suele acabar así: 5.400 dólares de suscripción, unos 500 de recordatorios, cerca de 4.800 en comisiones de tarjeta si cobra 20.000 al mes por ese medio, 480 de línea de internet de respaldo y unos 600 en informes nuevos y ajustes pedidos durante el año, lo que da alrededor de 11.800 dólares anuales cuando el presupuesto original decía 5.400.

Alquilar o ser dueño: la aritmética, no la opinión

Esta decisión se resuelve con números y con un horizonte de cinco años, así que hagamos las dos cuentas para dos tamaños distintos y dejemos que el resultado hable.

Alquilar o ser dueño: coste acumulado a cinco años

Ocho usuarios alquilando a unos 55 dólares cada uno son 440 al mes, 5.280 al año y cerca de 27.000 dólares en cinco años. El sistema propio equivalente para esa misma clínica costaría unos 45.000 de desarrollo más unos 6.750 anuales de soporte y alojamiento, lo que suma alrededor de 79.000 en el mismo periodo. Alquilar gana por mucha diferencia y no hay discusión posible.

Cuarenta usuarios alquilando a unos 60 dólares cada uno son 2.400 al mes, 28.800 al año y unos 144.000 en cinco años, frente a unos 149.000 del equivalente propio con su soporte incluido. Ahí la distancia casi desaparece, y a partir del sexto año el sistema propio empieza a costar bastante menos porque el desarrollo ya está pagado y solo queda el mantenimiento.

El punto de cruce, dicho sin adornos, suele aparecer entre 30 y 50 usuarios diarios, o alrededor del año cinco a siete. Por debajo de eso, encargar un desarrollo propio se justifica por encaje y por propiedad, nunca por ahorro. Hay tres situaciones en las que construir gana pronto: un flujo de trabajo poco habitual que ningún producto del mercado contempla, un grupo que necesita unir varias clínicas y una aplicación para el paciente en un solo lugar, o un dueño que no acepta que los datos clínicos vivan en la plataforma de otro. En esos casos tiene sentido mirar un desarrollo de aplicaciones web a medida y, si el paciente va a reservar y ver resultados desde el móvil, una aplicación móvil conectada al mismo sistema. En Linkysoft decimos lo mismo a todos los clientes de este tamaño: si la clínica es pequeña, suscríbase, y guarde el presupuesto de desarrollo para cuando el volumen lo pida.

Dónde se desperdicia el dinero de verdad

El derroche más común que vemos no es caro por unidad, sino por constancia: pagar todos los meses módulos que nadie abre. Se compran en el entusiasmo de la firma y se quedan encendidos durante años. La solución cuesta cero: a los 90 días, pida al proveedor un informe de accesos por módulo y apague lo que nadie ha tocado.

El segundo es personalizar un flujo que en realidad había que cambiar. Se pagan 4.000 dólares para que el programa copie una costumbre de papel que existía solo porque había papel, como una hoja de firmas que ya no firma nadie. El tercero es comprar para el hospital que quizá sea dentro de cinco años, cuando esa capacidad extra se queda anticuada más rápido de lo que crece la clínica.

El cuarto son las licencias por usuario para gente que entra dos veces al mes, algo que se arregla con un perfil de solo lectura o compartiendo un puesto de consulta cuando el proveedor lo permite. Y el quinto, el más caro de todos, son los contratos largos sin cláusula de salida y sin exportación en un formato legible, porque convierten una mala elección en una mala elección de cuatro años. Antes de firmar, dedique una tarde a entender cómo funcionan los expedientes electrónicos y qué se lleva usted el día que se marche.

Seguridad, copias y el precio de un mal día

En un sistema que guarda historias clínicas hay cosas que no son opcionales por mucho que abaraten el presupuesto: un usuario distinto para cada persona, un registro de accesos que muestre quién abrió y quién modificó cada ficha, cifrado de la información y copias de seguridad fuera del edificio que se restauren como prueba al menos dos veces al año. Una copia que nunca se ha restaurado no es una copia, es una esperanza.

Pongamos número a lo que cuesta un mal día para que la decisión sea fácil de defender: una clínica que atiende a 40 pacientes diarios con un ticket medio de 35 dólares pierde unos 1.400 dólares por cada jornada fuera de servicio, y eso antes de contar las horas del personal reprogramando a todo el mundo por teléfono y el enfado de los pacientes que se presentaron igual. Por eso el proveedor más barato suele salir el más caro: no tiene restauración probada, no tiene registro de accesos y no contesta justo el día que hace falta. Una medida que no cuesta nada y salva la jornada es tener un procedimiento en papel para las dos horas que un sistema puede estar caído, con hojas de registro y recibos numerados. Si quiere revisar la parte de protección con calma, la sección de ciberseguridad explica qué hay que exigir por escrito.

Cómo comparar dos presupuestos sin dejarse engañar

Dos cotizaciones casi nunca miden lo mismo, así que estas preguntas las ponen sobre la misma mesa antes de firmar.

  1. Cuántas horas de formación incluye el precio, para quién y si son presenciales o en línea.
  2. Qué promete el contrato de soporte como tiempo de respuesta, por escrito y en horas, y qué pasa fuera del horario de oficina.
  3. Cuánto cuesta un informe nuevo después del arranque, porque siempre hace falta uno en el mes tres.
  4. De quién son los datos, en qué formato se pueden exportar y cuánto tarda una exportación completa, ya que esa respuesta decide lo cara que será su cuarta temporada.
  5. Qué cuesta añadir una sede, un usuario o una integración, preguntado antes de firmar y no después.
  6. Qué ocurre en la renovación: si el precio por usuario queda fijo durante el plazo y cuánto ha subido en los últimos años para los clientes que ya estaban.

Pida las respuestas por correo electrónico y guárdelas, porque un compromiso escrito antes de la firma es un argumento y una promesa hablada no es nada.

Un presupuesto que puede copiar y cuándo la opción pequeña es la correcta

Estas tres franjas se pueden llevar tal cual a una hoja de cálculo. Una clínica pequeña: de 3.000 a 7.000 dólares el primer año y de 1.500 a 4.000 cada año siguiente. Un grupo médico o policlínico: de 6.000 a 25.000 el primer año y de 4.000 a 12.000 después. Un hospital: de 40.000 a 250.000 el primer año y entre el 15 % y el 20 % de esa cifra cada año para mantenerlo.

La regla de planificación es sencilla y casi nunca falla: diga lo que diga la línea del software, presupueste entre 1,5 y 1,9 veces esa cifra para el primer año, y guarde otro 10 % o 15 % aparte para los cambios que solo se descubren en el cuarto mes, cuando el equipo ya usa el sistema de verdad y aparece el informe que nadie había pedido.

Y una idea final que conviene decir en voz alta: el sistema más pequeño que encaje de verdad este año, elegido con cuidado y con buenas condiciones de salida, rinde más que el grande comprado para un futuro que quizá no llegue. Cambiar de sistema más adelante es normal y se sobrevive sin drama cuando la exportación de datos está bien pactada desde el principio. Si quiere ver cómo se ha resuelto esto en proyectos reales, eche un vistazo a los casos de estudio, y si prefiere una comparación costeada entre alquilar y tener lo suyo, escríbanos desde la página de contacto y en Linkysoft le preparamos las dos columnas con sus propios números, sin compromiso y con la recomendación honesta, aunque esa recomendación sea que se suscriba a un producto ya hecho.

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